Martes 3 de Febrero de 2026

03/02/2026

La nominada al Oscar “Arco” rompe con todos los moldes de la animación

Fuente: telam

El filme, una propuesta completamente diferente de los dibujos animados contemporáneos que Disney, Pixar y DreamWorks, fusiona un relato de ciencia ficción y viaje temporal en 2075

>Arco, la nominada francesa al Oscar a mejor película animada, coproducida y respaldada por Natalie Portman, es una propuesta completamente diferente de los dibujos animados contemporáneos que Disney, Pixar y DreamWorks exportan globalmente. No hay canciones pop (ni K-pop) ni referencias a la cultura popular que la fechen. No hay humor escatológico, ni ironía, ni sarcasmo. La sinceridad absoluta del relato elegíaco, incluso melancólico, del director Ugo Bienvenu, resulta tan atractivamente anacrónica como su cuidada animación en 2D.

En el centro de la película está el vínculo entre dos preadolescentes precoces: Iris (voz de Romy Fay), una niña que pasa muchas horas sola en el incierto año ecológico 2075, y Arco (Juliano Krue Valdi), un viajero accidental en el tiempo que aterriza en la solitaria vida suburbana de Iris desde varios siglos en el futuro.

Como Marty McFly 120 años antes que él, Arco queda varado en una era primitiva con una máquina del tiempo sin energía, obligado a evitar ser descubierto hasta que él y su peculiar aliada encuentren la manera de devolverlo al futuro lejano. Si eres de los que creen en la posibilidad de que los arcoíris sean evidencia de turistas temporales entre nosotros —como sugiere Bienvenu—, te espera una aventura encantadora y sutilmente provocadora.

Provocadora porque Bienvenu (quien comparte el guion con Félix de Givry) introduce conceptos como el viaje en el tiempo, la conciencia de la inteligencia artificial e incluso la virtud, sin precisar cómo funcionan en ese mundo. Estas ideas son tan omnipresentes y misteriosas como la mayoría de los aspectos de la vida adulta y la responsabilidad para un niño. Los guionistas también evitan explicar en exceso los detalles sociológicos de las dos épocas de la historia, permitiendo que el espectador interprete por qué ambos periodos parecen curiosamente despoblados según su propio optimismo o pesimismo.

Más allá de robots privados como Mikki, parece que todos los trabajos públicos esenciales, incluidos maestros y servicios de emergencia, están en manos de robots en 2075. Las aulas inmersivas tipo “esfera” de la escuela de Iris, completamente autónomas y sin adultos de carne y hueso, son uno de los recursos visuales más impactantes que “Arco” presenta sin comentarios.

Arco debe quedarse atrás porque los menores de 12 años no pueden volar, un requisito aparentemente necesario para viajar por los siglos. No queda claro si las capas multicolores —auténticos abrigos de ensueño que envidiaría el mismo José— son para viajar en el tiempo o solo para desplazarse por el aire, un detalle que Bienvenu y su equipo dejan a la imaginación. (Aviso para padres: “Arco” incluye más de una escena en la que su protagonista salta desde una azotea para probar la capacidad antigravitatoria de la capa que tomó prestada de su hermana).

Arco recuerda que la suspensión de la incredulidad es una cualidad juvenil que vale la pena conservar.

Fuente: telam

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