En su relato, Lucas contó que desde los primeros días se empezaron a vivir situaciones violentas entre los inquilinos de otros países. Había personas de lugares diversos como Colombia, Georgia, Moldavia y Rusia. Además de la pareja, había otros cinco argentinos.
“Nosotros nos fuimos con el viaje financiado y vos, si te querías ir, tenías que pagar todo. Si no, no te dejaban ir. El trabajo era muy duroâ€, contó.
Nada fue como lo prometieron. Lo que más le impactó a la joven pareja fue el nivel de violencia de parte de las personas con las que compartían casa y de los propios jefes en el frigorífico. Lucas recordó que -además de lo duro que era cortar cerdos- sus superiores los maltrataban y los amenazaban.La comunicación no fue fácil y se hacían entender a través del traductor de Google. La situación era cada vez más insostenible, aunque el detonante fue una violenta pelea con cuchillos entre dos inquilinos, uno de ellos colombiano. La cantidad de personas de distintas nacionalidades hacía que la convivencia fuera difícil.
“En último tiempo llegamos a ver que se apuñalaban en frente nuestros compañeros. En la casa había mucha gente que venía de la guerra. Muchos que estuvieron en Afganistán, en Pakistán, en la guerra de Georgia y venían Polonia a buscar refugio. Era muy violentoâ€, recordó.“Con cinco colombianos decidimos irnos. Tuve que pedirle plata prestada a ellos para que pudiera terminar de pagar el pasaje. O sea, la plata esa, más lo que me descontaron del sueldo, así ellos me firmaban los papeles para poder irme. Porque si ellos no firman los papeles, vos no podés hacer nada. Quedás como desamparadoâ€, reveló.
Pero la historia no terminó allí. Una vez que salieron, la pareja se contactó con otra empresa -esta vez de origen colombiano-, que les ofreció trabajo en otra provincia. Lucas y su novia se embarcaron nuevamente en una situación similar. Pese a la nueva oportunidad, todo se empeoró. Pagaron otros 200 euros para que los anotaran y les hicieran los papeles de su nuevo empleo. Esta vez era fabricando muebles. La oferta era similar: casa, trabajo y sueldo en euros. La pareja confió, pero fue estafada.Los siguientes días pidieron ayuda en el Consulado argentino y en una oficina de la ONU para poder conseguir un pasaje y volver a la Argentina. No obtuvieron respuesta. Durmieron algunas noches en una estación de tren a la espera de que alguien les diera una mano.
El joven decidió contar su historia a partir de una nota publicada este jueves en Infobae, sobre le caso de otros