SOCIEDAD
29/09/2026
"Tengo cámaras y desapareció": las perturbadoras anécdotas del coleccionista que vive entre juguetes antiguos
Fuente: Netfan Servicios
Empezó a coleccionar en 1989 tras encontrar un autito de su padre y hoy atesora más de 700 piezas. Desde su showroom, Daniel Sudalsky revela qué define el valor de un juguete, las cifras que pagan los apasionados y el misterio de lo que ocurre con sus objetos cuando nadie los ve.
En un mundo dominado por la inmediatez y lo digital, existen refugios que funcionan como auténticas cápsulas del tiempo. Daniel Sudalsky habita uno de ellos. A sus 72 años, pasa sus días rodeado de estanterías que albergan juguetes de hojalata, muñecas y piezas únicas de distintas épocas. El gusto por juntar objetos estuvo en él desde chico —cuando juntaba estampillas, monedas o alcancías—, pero fue en 1989, a sus 35 años, cuando tomó la decisión de encarar el coleccionismo de juguetes de manera formal. Hoy lidera su showroom Mi antiguo juguete (conocido en Instagram como @mi.antiguo.juguete), un espacio donde no solo preserva y comercializa estos tesoros, sino del cual vive activamente.
Su camino, sin embargo, tuvo un cambio drástico de rumbo. Durante décadas, su rutina transcurrió en el ámbito corporativo como Jefe del Departamento de Relaciones Institucionales en una importante empresa de tecnología. Pero, con el tiempo, Daniel pasó de la acumulación espontánea a un criterio sumamente afilado: se enfocó en los juguetes de hojalata de industria nacional. Su interés fue tan profundo que no se limitó a comprar, sino que investigó el desarrollo industrial del sector hasta coescribir un libro de referencia sobre la historia del juguete argentino junto a Diego Lascano, su amigo.
Para Daniel, coleccionar es mucho más que acumular objetos en una repisa; es una combinación entre investigación histórica y la adrenalina de la "cacería". A lo largo de casi cuatro décadas, ha recorrido ferias, locales de compraventa y rutas enteras, armando un inventario que hoy supera las 700 piezas y abarca desde antiguas alcancías de terracota y juguetes de la era espacial hasta reliquias de finales del siglo XIX.
Hoy, dedicado al cien por cien a su showroom, Sudalsky entiende el mercado del coleccionismo como pocos. Conoce al detalle las variables que determinan el valor de una pieza: la rareza, el estado de conservación, la presencia de su caja original y el deseo genuino de quien busca completar su colección. Entre el entusiasmo de los fanáticos, la mirada incrédula de los extraños y las anécdotas sobre objetos que parecen conservar una energía propia, Daniel elige habitar un universo propio donde el pasado recupera su valor y la infancia nunca termina de irse.
- ¿Por qué te empezaste a interesar por los juguetes antiguos?
- Mirá, creo que todos tenemos adentro cuando somos chicos, sobre todo, como un bichito que nos hace coleccionar algo: piedritas, estampillas, monedas, insectos. Después esa pasión por acumular cosas similares se va perdiendo. Pero en mi caso quedó latente y cuando apareció un juguete que era de mi padre en un armario, había como una magia en ese juguete. Bueno, quedó ahí y después la vida me llevó por otros andariveles, y con los años me volví a encontrar con otros juguetes y me di cuenta de que había una conexión entre aquel juguete y estos otros.
- ¿Te acordás cuál era ese primer juguete?
- Sí, sí. El primer juguete era como un auto de carrera que tenía mi padre de la década del 20 aproximadamente, que después desapareció. No sé a dónde fue a parar. Tal vez esa pérdida hizo que yo quisiera de alguna manera recuperar ese y otros y otros. Y la historia no termina.
- ¿Qué es lo que te llamaba más la atención? ¿El juguete en sí o la historia que podías crear a través del juguete?
- Al principio era la estética del juguete, nada más, pero luego me interesé por saber qué era ese juguete, de dónde provenía, quién lo había fabricado, en qué época se había fabricado. No era solo lo tengo o no lo tengo. Entonces era coleccionar por un lado e investigar por el otro.
- ¿En qué momento pasaste de tener algunos juguetes a tener una gran colección de juguetes?
- Se va haciendo con el tiempo. Con los años, gradualmente no te das cuenta y un día te das cuenta de que los juguetes te tapan. Pero al principio vas poniendo uno, vas poniendo otro, vas yendo a ferias, a negocios de compraventa, preguntando a los conocidos, a los parientes, a los amigos: "Che, ¿tendrás algún juguete?". Al principio sin criterio; todo lo que sea juguete puede entrar. Después vas perfilando como para tener una colección que tenga nombre y apellido. Por ejemplo, puedo decir: "Me gustan los juguetes del espacio, los juguetes espaciales, nada más". Entonces ya no es todos los juguetes, sino sería imposible.
- ¿Qué juguetes te gustaban antes y después? ¿Cómo fuiste afilando este gusto?
- Mirá, al principio me gustaban todos los juguetes, en especial los que estaban relacionados con otro coleccionismo mío anterior, que era el coleccionismo de monedas, la numismática. Entonces esos juguetes eran alcancías: alcancías de juguete, buzoncitos y chanchitos de terracota que después había que romperlos para sacarle las monedas. Después me fue gustando más la hojalata como material, es decir, la lata de conserva, la lata de un durazno. Ese material que se utilizaba mucho en los juguetes me empezó a gustar. En particular vi que había poco coleccionismo de juguetes argentinos, entonces empecé a buscar que sean juguetes de hojalata y de industria argentina. Así que después terminé haciendo un libro con un amigo, Diego Lascano, sobre la historia del juguete argentino.
- ¿Qué opinaban tu familia y tus amigos de tu colección?
- Yo digo que hay gente de interiores y de exteriores. Está la gente que le gusta el deporte, la gente que no conserva nada, minimalista, y están las personas que se apasionan por los objetos, sean cartitas, figuritas... objetos. Entonces ese tipo de gente, cuando ve lo que tengo o tiene la oportunidad de conocerme, no le resulta tan raro porque por ahí también colecciona otra cosa. Pero los que están en el otro mundo, en el mundo de los exteriores, de los deportes, que no guardarían ni un tornillo, si saben que ese tornillo vale 10 pesos lo venden o lo tiran. Esa gente, si entra a mi casa, por ahí ni se da cuenta o les parezco un loco. Los comentarios son: "Estás totalmente loco. ¿Qué es esto? ¿Cuánto pagaste esto?". Yo mejor ni les digo. Te dicen: "Vos viste la edad que tiene, colecciona juguetitos". Pero la cosa pasa por otro lado.
- ¿Qué es lo que más te apasiona de los juguetes?
- Descubrirlos, conseguirlos. Está muy bueno tener un juguete, pero la gran pasión está en cómo llegás a ese juguete, en la trayectoria, en la cacería. Lo más loco que hice fue pedirle a un amigo que me lleve hasta Bahía Blanca de un día para el otro porque había aparecido un lote de juguetes. En esa época no había WhatsApp, no había fotos, era solamente una descripción verbal. Al otro día mi amigo estaba manejando y estábamos yendo a Bahía Blanca, una locura absoluta, y no sé si me traje dos juguetitos. No valió la pena, pero en ese momento estaba en el pico del coleccionismo. Cuando aparecía algo, yo quería tenerlo.
- ¿Cuánto puede llegar a pagar la gente por un juguete?
- No hay un tope. Depende de las ganas que tenga la persona de tenerlo y lo importante que sea esa incorporación en su colección. Alguien me dijo una vez que el juguete más caro de todos es el último, el que te falta, el que vos sentís que te falta. Cuando aparece algo muy interesante que alguien quiso tener toda la vida, hay historias increíbles. Hay una historia de una muñeca, que apareció en un domicilio, se contactaron con una coleccionista de Estados Unidos, una señora de 85 años que siempre la quiso tener. Vino a Argentina y se la llevó. Pagó $70.000 dólares por la muñeca. Acá, en el coleccionismo local, hay juguetes que pueden costar $50.000, $100.000, $200.000, en ese rango más o menos. Pero en subastas internacionales los precios asombran.
- Uno de los factores de los que depende el precio de un juguete es qué tan difícil es conseguirlo.
- La rareza es una de las cosas, pero no por raro un juguete puede valer, sino que tiene que ser parte de alguna colección que interese. Alguien puede decirte: "Yo tengo un trompo que trajo Cristobal Colón". Sí, es rarísimo, pero si nadie colecciona trompos, no vale nada. Es decir, la rareza, la deseabilidad, el estado de conservación perfecto —si es posible con su caja original y funcionando si tenía mecanismo— y que sea parte de una colección importante.
- Si el juguete se mueve o emite algún tipo de sonido, ¿vale más?
- No. Puede ser un juguete muy elemental, sin ningún tipo de mecanismo, y valer dinero, y en cambio otro que haga de todo, saque humo y te salude no valer nada porque es muy común, lo tiene todo el mundo o no es deseable.
- ¿Cuál es el juguete más antiguo que tenés?
- Acá tengo una señora que camina con un canastito que es de más o menos de 1900. Sin embargo, creo que el más antiguo que tengo es uno de unos personajes de circo, dos payasos que van rodando por gravedad y van bajando una estructura de varillas de alambre, que debe ser de 1890 más o menos. Ese me habrá costado unos 600 dólares.
- ¿Te pasó de tener algún juguete muy preciado y que alguien venga y te ofrezca una gran cantidad de plata y digas "bueno, te lo vendo"?
- En el año 1998 participé de una feria en Atlantic City, en Estados Unidos, de coleccionismo. Un coleccionista muy grande de personajes de Disney vio un Mickey y Minnie Mouse que yo tenía, una pequeña escultura hecha en madera en Italia donde él la abrazaba a ella y la tapaba de la lluvia con un paragüitas. Me dijo que quería comprármelo y le dije que no, que no estaba a la venta. A los tres años me llamó y me ofreció una cifra muy alta que me solucionaba un montón de cosas en la vida. Lo dejé ir, pero todavía me arrepiento.
- ¿Tuviste alguna experiencia paranormal con algún juguete?
- Dos. Un amigo venía a casa y decía que había un muñeco en una repisa que lo asustaba. Yo le decía que no pasaba nada. Para dejarlo tranquilo lo guardé adentro de un armario y otro día me dijo que el muñeco le golpeaba la puerta del armario desde el lado de adentro. Decía que tenía vida y lo quería asustar a él; a mí o a la gente que vivía conmigo nunca nos asustó. Y la otra historia fue con un maniquí tamaño niño vestido como Buck Rogers, el superhéroe intergaláctico de los años 30. Se lo vendí a un empresario para decorar su oficina y años después quise recomprárselo. Me contó que sus empleados le pidieron que lo sacara porque decían que el maniquí los miraba mal y se movía. Cuando lo sacó y lo llevó a su casa, se quemaron las computadoras de la empresa. Tiempo después, cuando se iba a mudar, el maniquí simplemente desapareció de la caja donde lo tenía guardado. Nadie supo a dónde fue a parar. Tenía cámaras en su casa y no pasó nada. El muñeco desapareció.
- Si algún día te convertís en Gepetto de Pinocho y viene un hada que te cumple el deseo de darle vida a cualquier juguete que tengas en tu colección, ¿a quién elegís y por qué?
- En general todos los muñecos o juguetes que tengo ya tienen de alguna manera una vida propia, porque son animados o tienen mecanismos que se mueven. A pesar de los años que tengo, no quisiera que ninguno salga de ese plano. Nosotros estamos en este plano y ese es el mundo de los juguetes. Ellos viven en otra galaxia y me parece que no hay que sacarlos de ahí.
Fuente: Netfan Servicios